De construir apps a construir mejores formas de trabajar y vivir.
Hace unos años cofundé MosaLingua, una app de idiomas que superó los once millones de descargas. La vendimos, y me di tiempo para pensar en lo que de verdad importa.
Volvió una intuición simple: lo difícil de llevar una empresa no es tanto estratégico como nervioso. Los fundadores cargan mucho, y ese peso da forma a sus equipos, a sus productos, y al tipo de mundo que terminan construyendo.
Por eso mi trabajo de hoy vive en un cruce: usar la IA como palanca para aligerar la vida, diseñar empresas con menos estrés crónico, y crear herramientas que ayuden a regular el estado interior en lugar de empujar más fuerte.
Llevo mis proyectos desde una covivienda que ayudé a reformar en el bosque cerca de Barcelona, con un pequeño servidor en casa, mucho Obsidian, y un ritmo lento e intencionado.